despedida de José Ramón

Cuando esta revista salga a la luz, posiblemente muchos de vosotros ya sepáis que éste ha sido el último año que José Ramón Urbieta ha venido a nuestro centro a impartir la Escuela de Padres que organiza el APA.
Ya habíamos comentado, en esta misma revista, el pasado año, que el ritmo de viajes, hoteles, papeles, etc., que llevaba para poder impartir, una vez al mes, su escuela de padres, en doce centros repartidos por toda la geografía nacional, y a lo largo de tantos años, era demasiado para una persona de su edad ( y casi de cualquier edad…). De forma que, no por falta de ganas sino de fuerzas, ha decidido “jubilarse”, aprovechando que este año ha cumplido la edad oficial para ello.

Estoy seguro que va a suponer para muchos de nosotros un sentimiento de tristeza y de vacío. Han sido muchos años, siete en total, los que ha estado viniendo a nuestro centro, mes tras mes, en los que se ha ganado nuestro respeto como docente y nuestro aprecio y cariño como persona.
Que su proyecto de Escuela de Padres, al que ha dedicado estos últimos años, ha sido todo un éxito, lo demuestra el hecho de que comenzó siendo un programa a desarrollar durante tres cursos lectivos, en dos centros de la Institución Teresiana, y, sin embargo, en este momento en que José Ramón decide poner punto y final, se ha prolongado durante nueve años y se ha ampliado a más de 14 centros de la Institución y fuera de ella.
Creemos que este éxito se debe, fundamentalmente, a tres motivos: los contenidos, la forma de exponerlos y la personalidad del ponente.
En cuanto a los contenidos, no cabe duda de que no han sido los de una escuela de padres al uso. No se ha puesto el acento en los aspectos “formales” de la educación, como en que edad del niño se debe introducir un determinado hábito, o cómo podemos mejorar la técnica de estudio de nuestros hijos, sino que ha sido un enfoque revolucionario: primero tenemos que educarnos, en el sentido más amplio de la palabra, para luego poder educar a nuestros hijos; primero hay que afirmar los principios para luego ir a la metodología. En otras palabras, y parafraseando una anécdota suya, para poder llegar a saber qué hacer con nuestros hijos, primero tenemos los padres que saber qué hacer con nosotros mismos. Este ha sido el eje fundamental de todos estos años. De forma que podría decirse que los contenidos de esos cursos formarían un auténtico tratado para la formación y estructuración de la persona desde un punto de vista intelectual, emocional y moral a lo largo de los cuales José Ramón nos ha dejado reflexiones que son auténticas “perlas” de sabiduría. Como que “el adulto que somos lo revelan las preguntas que nos hacemos”; “que el mayor fracaso es no arriesgar”; “que el fracaso, bien entendido, puede ser la mejor fuente de superación”; “que somos más grandes que nuestros problemas”; “que yo soy yo, no mis fracasos ni mis aciertos”; “que en realidad nacemos cuando decidimos ser el hombre que somos”; “que nuestros pensamientos tienen la fuerza de mover nuestras conductas”; “que en todos nosotros existe un padre y un hijo, pero también debe existir un adulto que los compagine”; “que la confianza siempre nos viene de fuera”; “que no hay que intentar ser perfectos, sino mejorar día a día”; “que todo paso hacia delante debe ir precedido de un paso hacia dentro, para no convertirse en un paso hacia atrás”; “que la felicidad es algo momentáneo y generalmente asociado a la consecución de metas externas, pero la alegría nace en el interior de cada uno y es una opción personal, una decisión íntima que depende de nosotros mismos y, por tanto, independiente de los éxitos o de los fracasos”; “ que nuestra conciencia es el faro interior que ilumina nuestros actos y que la única educación que les va a durar toda la vida a nuestros hijos es la que les enseña a vivir y actuar según sus conciencias”; “que es más duro recibir aplausos desde fuera con el interior vacío que recibir pitos si nuestro espejo interior nos refleja autenticidad”; “que existe una gran diferencia entre maestro, profesor , pedagogo y educador”; “que una pregunta susurrada a nuestro hijo vale más que mil sermones”; “que hay que hacerles ver a nuestros hijos que creemos en ellos y que los queremos igual cuando triunfan que cuando fracasan, que estamos de su parte y, de la misma forma, tenemos que creer en nosotros mismos y querernos igual cuando triunfamos que cuando fracasamos”; “que tenemos que poner límites a los hijos para que puedan crecer”; “que los sentimientos –el miedo, la ira, la culpa, la tristeza, etc.- también hay que educarlos, no sólo la inteligencia y la voluntad”; “que las lágrimas también ayudan a crecer”; “que los problemas de los hijos son de los hijos, no nuestros, que nosotros tenemos que acompañarlos, pero no suplirlos”; “la importancia de que nuestros hijos aprendan a elegir y a responsabilizarse de sus decisiones y de sus consecuencias”; “que tener fe significa, ni más ni menos, que tener confianza”; “ que la oración no es más que dejar nuestro mural interior en blanco para que Dios pueda escribir en él”. Indudablemente han sido grandes enseñanzas, valores sobre los que luego es mucho más fácil construir las normas, las conductas, la metodología de la educación de nuestros hijos.
En cuanto a la forma de exponer estos contenidos, han sido los padres que han acudido a esta Escuela, los que mejor la han descrito en las distintas encuestas que se les han formulado: amena, clara, cercana, brillante, divertida, dinámica, perfecta, directa, práctica, iluminadora, te engancha, te llena… Poco más se puede añadir a este respecto.
Y, por último, pero no menos importante, José Ramón nos cautivó desde un principio por su autenticidad y su cariño. Su autenticidad porque, como decía un padre en una de las encuestas: “se nota que de lo que habla es algo vivido”. Y en cuanto al cariño con el que nos ha obsequiado, desde el primer momento, José Ramón ha sido una persona cercana, siempre brindando una sonrisa, un saludo, una palabra de cariño o una broma a todo el se le acercaba. Pero, además, siempre ha estado ahí para todos aquellos que, a lo largo de estos años, nos hemos acercado a él con un problema personal sobre nuestros hijos, sobre nuestra relación de pareja o de cualquier índole, dispuesto siempre a escuchar, a compartir y a orientar.
Desde el APA y la Dirección del Centro, ya nos hemos puesto a trabajar para intentar buscarle un relevo a José Ramón para el curso que viene y no tener que interrumpir la Escuela de Padres que tan útil nos parece. Aunque, después de todo lo dicho, es obvio que no va a ser una tarea fácil.
Al menos nos queda el consuelo de que, en los últimos años, ha estado trabajando en un proyecto editorial en el que ha recopilado y estructurado las enseñanzas que ha impartido en sus Escuelas de Padres. Proyecto que se ha materializado en un libro disponible desde este mes de Junio y que se titula: “El regalo de sí mismo. Caminos de interioridad para educadores”. De la editorial Narcea. Conociendo al autor, seguro que el libro no nos defraudará.
También nos queda el consuelo de que ha prometido enviarnos, de vez en cuando, algún material para que lo pongamos en nuestra, recién estrenada, sección de Escuela de Padres dentro de la página web del Centro: www.betica-mudarra.com; a la que os animamos a visitar y donde hemos puesto desde una presentación y un pequeño vitae de José Ramón, hasta los programas de estos siete cursos de Escuela de Padres, así como fotos, los artículos publicados sobre el tema en esta revista, los resultados de las encuestas que se han realizado a los padres durante estos años, etc.
De todas formas, se cierra una etapa de esta “escuela de sabiduría”, y, en este momento, podríamos aplicar otra de sus muchas enseñanzas: que las cosas hermosas que nos encontramos en la vida, no hay que intentar poseerlas, sino disfrutarlas; no hay que amarrarlas, sino acariciarlas; y ,por último, llegado el momento, no hay que aferrarse a ellas, sino dejarlas pasar.
De forma que, de todo corazón, GRACIAS POR TODO JOSÉ RAMÓN Y ¡HASTA SIEMPRE!