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A las 7,15 de la mañana, el miércoles 26 de octubre, los alumnos de 2º de Bachillerato iban llegando a la cita, cargados con sus equipajes, ilusión y deseos de vivir una experiencia de convivencia y reflexión. Acompañados de Marina Huertas, Rafael Liébanas, Susana Sánchez y Mª Aurora Sánchez, iniciaron este camino.

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A mediodía llegamos a “El Escorial”, lugar en el que comimos y tuvimos la oportunidad de visitar su Monasterio de San Lorenzo, en el que recordamos una buena parte de la historia de nuestro país. Dos guías nos acompañaron en este recorrido.

Hacia las siete de la tarde, llegamos a Los Negrales. Nos dimos un tiempo para instalarnos y a las ocho nos dimos cita en el “Espacio Alameda”, donde Fátima Ramos nos acercó a la Historia de la Institucion Teresiana y sobre todo a la figura de San Pedro Poveda, su persona, su vida y su Obra. Terminamos este momento en la Capilla, donde ante sus restos tuvimos un momento de silencio y oración.

El jueves, iniciamos la jornada con el desayuno para continuar a las diez con el Taller de Voluntariado: “Una forma de mirar y estar en el mundo”. Este Taller se desarrolla a lo largo de la jornada y supone una experiencia fuerte de encuentro consigo mismo y con la realidad.

A las cinco, en la Capilla de San Pedro Poveda, el Padre José Luis preside la Eucaristía preparada por los propios alumnos. Participamos de manera sencilla y sentida, en los distintos momentos en que el sacerdote nos invita a compartir. Los alumnos y alumnas la valoran muy positivamente por lo cercano del sacerdote. Al término de la misma Pilar Gascón, directora de la casa, nos hace entrega del “saquito de lavanda”, recuerdo de nuestra estancia en la casa.

Después de la cena disfrutamos, a invitación de Eric, de la “dinámica del abrazo”, en el que unos a otros nos dimos las gracias por los momentos vividos a lo largo del día y las experiencias compartidas.

En la mañana del viernes, con el sueño acumulado de dos noches de poco dormir, tras el desayuno y la recogida de las habitaciones, llega la última jornada. Nos subimos al autobús y nos dirigimos a Toledo, donde Rocío nos esperaba para mostrarnos algo de la historia, el arte y anécdotas de la ciudad. Tras la comida y un rato de descanso, emprendemos el regreso a nuestro lugar de origen.

Cansados pero agradecidos y contentos, llegamos felizmente a nuestro destino, seguros todos de que una experiencia como esta merece la pena vivirla.

Ya sólo queda esperar que la experiencia tenga una incidencia positiva en los chicos y que se hagan realidad algunas experiencias de voluntariado.